martes, 18 de junio de 2013

Los 3 imprescindibles de un contenido motivador.

¿Te has parado a pensar cuántos de tus alumnos dejan el curso en la mitad, cuántos empleados van a ti quejándose del último curso que les han impuesto desde Recursos Humanos? Hoy reflexionaré sobre cómo lograr un contenido capaz de motivar a los alumnos con sólo 3 claves.




Parto de dos premisas en las que creo firmemente: 

La primera:  la motivación de una persona responde a una única pregunta ¿Por qué hago lo que hago? ¿Lo hago por hacer o lo hago para ser lo que quiero ser? Nadie se motiva cuando 'hace por hacer', la motivación -y este es un buen dato- está vinculada a 'lo que quiero llegar a ser'.

La segunda: existen muchas teorías sobre motivación pero, desde mi perspectiva, todas comparten un punto en común: la motivación no llega desde fuera, nace de uno mismo, lo cual nos da un segundo buen dato:  es más fácil motivar a una persona desde sus propias metas que utilizando tácticas de motivación. 

Teniendo en cuenta lo anterior, nuestros contenidos, o los que compramos, pueden estar diseñados para motivar, es decir, sin usar foros u otras herramientas, conseguir que hagan sentir al alumno que les van a ayudar a lograr su meta. 

Para ello, 3 IMPRESCINDIBLES: 

1. Parte del contenido debe servir, además de para enseñarnos a hacer, para afirmar lo que somos o lo que queremos ser: 


"Si quiero ser Community Manager, el contenido ha de ir dirigido a un Community Manager y no sólo eso, además, tendras que enseñarme cosas del día a día del CM, no la historia de las redes sociales según la Unión Europea, porque quiero verme ahí" 

El usuario debe ver proyectado su objetivo en el contenido, en esto basa su sentido, más incluso que en la imagen o en la redacción.


2. El contenido ha de servir para reflexionar: no hay que contarlo todo y mucho menos 'verdades absolutas', basta con incluir los factores fundamentales y ordenarlos secuencialmente -las fases en que se desarrolla una acción pueden ser un buen criterio para ordenar- el mundo cambia y las circunstancias en que se verá envuelto cada alumno en el futuro, también. Por eso, el alumno debe leer la información y ser capaz de interpretarla y reflexionar sobre ella para darle uso. Esto hará que lo que lee no le interese, le importe. 


3. El contenido debe hacerle olvidar que está trabajando o que aprende para trabajar más de lo que ya trabaja. Hay que dejar atrás las teorías del pasado tipo 'la evolución de Internet desde 1996', que sólo restan tiempo, e ir al grano: el alumno hará el curso si le ayuda a ser lo que quiere ser. 


Por supuesto, no olvides que es necesario buscar contenidos motivadores pero sin obviar la calidad y  mucho menos su utilidad: un contenido inutil no logrará reunir los 3 puntos anteriores y, salvo que exista obligación, supondrá el abandono del curso.

 


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